Kosmos II, Esculturas de Yvonne Domenge
Sabina Berman
Escritora

Yvonne no sólo acepta la imposibilidad de la esfera perfecta en la materia. Ha hecho su arte de regocijarse en esa imposibilidad. Y sin embargo al hacerlas de madera, de plata, de cobre, de bronce, de hielo, atiende la textura final de su material con una obsesividad que delata una intolerancia a la imperfección de la materia.

Pule, pule, retrabaja, lija, vuelve a pulir. Como si quisiera darle a la materia una lisura ideal. Pero también porque sus esferas las hace tanto para el ojo como para las manos. Son piezas para verse también con el tacto, ese primer órgano sensorial, del que evolucionaron -suponen los biólogos- los otros órganos sensoriales.

Cierre los ojos y acarícielas. Viaje en ellas con la punta de los dedos. Sobre la mano completa el viaje. Sobre dos manos conviértase en dos viajeros. Son así dulces como una seda. Y ofrecen así un relato distinto al visual, pero complementario. Cada pieza otro relato. Pero todas, visual o a nivel de piel, relatan la aventura de una esfera -esa criatura infinita y perfecta- en el Mundo físico -hecho de límites e imperfecciones-.